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Bartolomé Esteban Murillo, Autorretrato |
Cuatrocientos años es mucho…o poco. Según contemos.
Sea como fuere, yo he estado ahí. Desde el inicio de su primera obra, hasta el final de la última.
Y le he visto creando…
Creando literatura: cada personaje suyo nos cuenta una historia, si sabemos leer «entre líneas».
Creando escultura: cada paletada suya nos introduce en un mundo tridimensional, delineando formas con su pincel.
Creando música: cada obra suya sostiene un ritmo y una armonía que puede rivalizar con la mejor melodía jamás creada.
Creando vírgenes, niños, muchachas, ángeles…
Y he paseado por su legado:
Por conventos, hospitales, iglesias; por jardines que llevan su nombre; por su instituto, lleno de niñas correteando por los pasillos…
En definitiva, he estado en todos lo lugares por los que ha ido «creando escuela».
Cuando acabe el cuarto centenario y sus obras retornen a los lugares de origen, nos arrancarán parte de nuestra historia…otra vez.
Porque Bartolomé Esteban Murillo es mucho más que un pintor de fama universal. Es un genio. Es de todos. Y es sevillano.
Todo lo demás, está en los libros.
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