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Paco Palacios, "El Pali", con su madre |
Cuando el ambiente en el corral del Conde decaía, los hombres que allí se congregaban se metían con él. - Anda, Pali, dinos de qué equipo de fútbol eres. Él, campechano, orondo por los petisús que le volvían loco y un puro en la boca, parecía que había estado esperando la pregunta. Plantado en el medio soltaba la frase que tanto gustaba: -Quiyo, dos veces bético porque soy diabético. Al oír el chascarrillo se reían con tal alborozo que sin esfuerzo se liaban a urdir sevillanas. Armados de almirez y palillos hilvanaban estrofas, zurcían con música y duende la madrugá deshilachada. Había querido ser atleta. De joven y canijo corrió con ahínco; pero para júbilo de los hispalenses abandonó aquellas prisas. Poco le costaba al cantaor ver a través de las gafas de culo de botella el mundo con alegría, repartir desparpajo. En una de las rectas finales y antes de que alguien cayera en la tentación dejó dicho: El día que yo me muera que no me llore Sevilla. Aunque como era de esperar, nadie le hizo caso.
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