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Monumento a Carmen en Sevilla |
Estimado Monsieur Bizet,
Sé que moriré pronto…
Poco nos conocemos y, sin embargo, me atrevo a pedirle su ayuda…
¿Recuerda aquella última vez que nos vimos? ¿Recuerda mi novela “Carmen”, de la que hablamos?
Sé que esto le sorprenderá, pero Carmen realmente existió. La amé hasta volverme loco, y ella también me amaba. Era vital y apasionada pero no tenía los instintos indeseables con los que la describí. Nunca aceptó ser mi amante. Deseaba casarse con la persona que amase, pero yo ya estaba comprometido. ¡Hubiera dado mi vida por tenerla entre mis brazos! Sin embargo, fue la suya la que me cobré… La asfixié en un arrebato de locura. No se imagina la tortura que ha sido mi existencia desde entonces…
¡Ayúdeme a que Carmen sea resarcida y así descansar en paz! Le ruego que cree la mejor ópera que nadie haya escuchado contando su verdadera historia. ¡Convierta a la auténtica Carmen en un mito y que todo el mundo sepa que yo fui su asesino!
Desde la eternidad le estaré siempre agradecido.
Cannes, septiembre de 1870.
Prosper Mérimée
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